Existe una tremenda confusión en materia organológica al respecto de los instrumentos de cuerda frotada del renacimiento. En realidad no es para menos, pues coexistían en aquella época cordófonos pertenecientes a muy diversas familias, muchos de ellos fruto de la mezcla de varias de ellas, obedeciendo al gusto renacentista por la estética exótica y por la creación de híbridos, como se puede constatar en las iconografías de contenido alegórico y mitológico.
Además, muchos de los nombres de dichos instrumentos hacían mención, no solo a la familia de procedencia, sino también al género, o incluso a la manera de tañerlo o sonido que producía, añadiendo con esta fantasía todavía más confusión. Así pues, había violas de brazo, de espalda o de pierna, según la posición en que se sujetaba el instrumento, vihuelas de mano, plectro o arco, según se empleara uno de estos elementos para tañerlas, Liras de rueda, de arco, de brazo, de pierna, según las familias, soprano, alto, tenor, bajo y contrabajo de viola, según los registros o funciones, y en fin, hasta extravagancias como la Lira de mendigo o la Trompa marina.
Para colmo, lo que unos en un sitio llamaban vihuela, otros en otro lo llamaban viola, y usaban también nombres genéricos para denominar muchos tipos de instrumentos sin ningún criterio organo-morfológico concreto, así que, un mismo instrumento, podía llamarse vihuela, viola, guitarra, Lira o Laud.
Por eso, nuestro deber no es asignar estos términos a determinados cordófonos y discutir en cómo clasificarlos, y mucho menos cometer el error de comparar ninguno de éstos fenómenos organológicos, sino mas bién, nuestro deber es usar éstos términos como símbolos cuyo contenido es una serie de características morfológicas, estéticas y acústicas que poseen estos instrumentos, pudiendo por lo tanto, compartir varias de ellas en uno solo de estos ejemplares.
Llamamos entonces a la vihuela de arco, vihuela, porque comparte características fisio-morfológicas y acústicas con sus parientes la vihuela de mano y de plectro. Posee como ellas dos barras armónicas transversales, costillas, parecida entrada de zoque, hombros elevados, clavijero en forma de hoz, ornamentos de taraceas de origen bizantino, lazos o rosetones en los orificios armónicos, tipo de afinación, etc. La mayoría de estos elementos, la diferencian sustancialmente de la familia de las violas, además de conferirle una resonancia extraordinaria, un sonido claro y delicado, de constante dulzura, muy adecuado para el toque polifónico.
Fernando Marín.